Sinología: La diversidad étnica en China y Taiwán

In by Andrea Pira

En los territorios de China continental y Taiwán han habitado decenas de minorías durante varios siglos. En la siguiente sinología, Joaquín Beltrán Antolín, profesor de Estudios de Asia Oriental del Departamento de Traducción e Interpretación de la UAB, hace un recuento de las etnias en cada uno de los territorios y analiza la interacción y las políticas con los distintos gobiernos, tanto el Partido Comunista de China como el Kuomintang (hasta este año) de Taiwán. 
La República Popular China con una superficie equivalente a Europa y una población que supera los 1.300 millones de personas no es un país homogéneo. Actualmente se reconoce la existencia de 56 nacionalidades o pueblos distintos en el interior de sus fronteras. Hay una nacionalidad mayoritaria, denominada Han, que incluye al 91,6% del total de la población, y que a su vez cuenta con una gran diversidad interna subétnica, y 55 minorías nacionales con un total de 105 millones de personas en el censo del año 2000 (8,4% de la población total). La pluralidad nacional y étnica de China ha estado sometida a diversas consideraciones a lo largo de la historia.

Tradicionalmente, bajo el régimen imperial, la nacionalidad, es decir, la definición de quién era considerado súbdito del imperio chino, estaba determinada por la residencia en el territorio bajo la autoridad central del estado. Todos aquellos que vivían en Zhongguo 中国 (el reino del centro) eran súbditos chinos (zhongguo ren 中国人). Existía el mito de la inevitable asimilación de los invasores extranjeros a la cultura china que se consideraba superior, de modo semejante a lo que sucedía con los pueblos que entraban en contacto durante el proceso de colonización de nuevos territorios. China clasificaba a los no chinos como “bárbaros”, en el sentido de extranjeros. En ocasiones, el carácter utilizado para denominarlos, incluía un radical que señalaba su naturaleza animal (reptil, gusano, perro). El pueblo Han desarrolló una civilización que se creía universal y central. Tenía un proyecto civilizador para todos aquellos que no eran como ellos. Se trataba de que aprendieran la moralidad y las maneras (los rituales) del pueblo más civilizado, y en la medida en que lo hicieran se transformaban en “chinos”. A los pueblos bárbaros los calificaba en un continuum que iba desde los crudos (sheng 生) a los cocidos (shu 熟). La diferencia entre ellos radicaba en si eran capaces de aceptar y reconocer, o no, la superioridad de la civilización Han, realizando muestras de respeto e incluso adoptando algunas de sus costumbres de modo que no parecieran tan diferentes.

Para los grupos étnicos que se encontraban en el interior del territorio que el imperio chino reconocía como propio, la dinastía Yuan (1206-1367) de los Mongoles estableció el sistema tusi 土司, que consistía en que el emperador reconocía a los jefes locales de cada grupo étnico como sus legítimos gobernantes y les otorgaba un título o emblema para que los gobernara de un modo hereditario en su nombre, a cambio de pagar determinados tributos. De este modo, los grupos étnicos se autogobernaban o autogestionaban con el permiso del emperador que no intervenía en sus asuntos.

Con respecto a los vecinos de su periferia que tenían organizaciones estatales consolidadas y bien desarrolladas (Mongoles, Tibetanos, Uigures, Dai), el modo de interacción original más habitual se encuadraba dentro del sistema de tributo, un mecanismo de relaciones internacionales, comerciales y militares que tenía a China como centro, aunque en ocasiones fue China quien ofreció tributo a sus poderosos vecinos. El sistema consistía en el envío de embajadas con regalos al emperador, junto a una ceremonia que representaba el sometimiento simbólico ante la superioridad Han. El emperador respondía con valiosos regalos que superaban lo recibido e incluyendo a ese pueblo en sus plegarias ante el cielo para que lo protegiera. El reconocimiento de la superioridad podía obligar a China a intervenir en caso de que el otro estado fuera atacado por un tercero, o para dirimir en guerras civiles, del mismo modo que China podía solicitar su ayuda en caso de ser atacada por otros.

Cuando el imperio fue controlado por los Manchúes (1644-1911) modificaron en cierto modo la relación con sus vecinos. Una parte de los Mongoles se convirtieron en aliados, los Uigures pasaron a formar parte del imperio y se establecieron bases militares en las zonas fronterizas para asegurar su control. Los Tibetanos también entraron en una relación de tributo con la presencia de un representante nominal del imperio central en su capital (amban). La emigración a esos territorios estaba prohibida. Pero con el paso del tiempo y la presión imperialista rusa fueron abriéndose poco a poco a la colonización Han: primero Mongolia, después Xinjiang (1830 en la parte meridional) y, finalmente, también Manchuria (1870).

La colonización produjo conflictos inevitables. En el sur la estrategia fue la sustitución progresiva del sistema tusi por la administración directa de los territorios bajo el mando de un magistrado nombrado por el gobierno central. De cualquier modo, el control del territorio y de los grupos étnicos que se encontraban en él fue muy variable. De hecho, en algunos lugares remotos de difícil acceso no hubo contacto con los Han hasta 1956.

Habitualmente los colonos Han ocupaban las mejores tierras, la de los llanos, y las más productivas que cultivaban de modo intensivo. Algunos grupos étnicos fueron desplazados del territorio donde vivían hacia otras tierras de peor calidad y a zonas montañosas, otros desaparecieron por enfermedades o en sangrientos enfrentamientos en los que fueron derrotados. Muchos se mezclaron con los Han mediante matrimonios mixtos y otros acabaron asimilándose a la cultura Han hasta perder su lengua y ser casi indistinguibles de los mismos.

Los movimientos de resistencia a la presión migratoria y a la política del gobierno central en zonas de minorías se exacerbaron durante la segunda mitad del siglo XIX. Por ejemplo, los Hui (chino-musulmanes) de la provincia de Yunnan crearon un sultanato independiente (1855-1873). Los Miao se rebelaron entre 1854 y 1873, igual que los Hui de Gansu, Shaanxi y Ningxia (1862-1873) y los Uigures de Xinjiang (1864-1878). Durante el periodo republicano precomunista (1911-1949) también hubo resistencias como la creación de la República Islámica Turca de Turquestán Oriental (1933-1934) en la zona Uigur del sur de Xinjiang, o la República de Turquestán Oriental (1944-1946) de Kazak y Uigures en el valle del Yili (norte de Xinjiang), en ambos casos con apoyo soviético. Los Tibetanos, por su parte, disfrutaron de una gran autonomía de facto, siendo en la práctica un país independiente hasta 1951.

En la primera parte del siglo XVIII el gobierno de la dinastía Manchú Qing incorporó una parte significativa del territorio étnico tibetano a provincias del imperio chino: Qinghai, Sichuan y Yunnan, reduciendo la superficie del Tíbet político a sus fronteras actuales. La discrepancia entre el Tíbet étnico y el político es la cuestión fundamental de las fricciones en las negociaciones entre el gobierno del Dalai Lama en el exilio y el actual gobierno de la República Popular China.

La conciencia de pertenecer al grupo étnico mayoritario denominado Han, nombre que suele confundirse con “chino”, es reciente y coincide con la moderna construcción nacional del cambio de siglo XIX al XX. Sun Yatsen introdujo en 1903 el término minzu 民族 (nación, nacionalidad, grupo étnico, pueblo, raza) desde Japón para dar entidad al nacionalismo chino que promovía. Su objetivo era unir al pueblo Han contra los Manchúes que dirigían el imperio desde 1644 y contra los “extranjeros externos”. Defendía la existencia de cinco pueblos en China que debían fundirse y asimilarse para formar una única raza china, eran los Han, Man (manchú), Meng (mongol), Zang (tibetano) y Hui (musulmán). Su sucesor en el Partido Nacionalista, Chiang Kai-chek, pensaba que los grupos no Han eran subvariables de una antigua raza china común: las diferencias culturales observadas se debían a la religión y el medio geográfico, no a la sangre o raza. Su objetivo era buscar la unidad nacional que bajo un fuerte chovinismo Han colonizaba las zonas de las minorías tratando de acabar con las diferencias étnicas.

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[Crédito foto: Ojos de Oriental]

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