Sinología: El incremento de la religiosidad en China: Factores y consecuencias

In by Andrea Pira

Las políticas reformistas, la restricción de credos (persecución a monjes tibetanos y musulmanes), la hostilidad y represión han modificado la connotación y el significado de la religión en China. En su texto, Ángel Alonso Dominguez, docente de la Universidad de Oviedo en España, expone algunos hechos históricos, como la revolución cultural o la masacre en la Plaza de Tiananmén, que transformaron la religiosidad en el gigante asiático.  El resurgir del sentimiento religioso en China se ha convertido en un fenómeno nacional. De acuerdo con los datos de una encuesta de la East China Normal University, en 2007 se declaraban religiosos el 31,4% de los chinos mayores de 16 años, lo que supone alrededor de 300 millones de personas, una cifra que además continúa aumentando. Este auge de la espiritualidad resulta aun más abrumador si tenemos en cuenta que durante los últimos 60 años el Partido Comunista Chino (PCCh a partir de ahora) llevó a la práctica una agresiva política encaminada a la supresión de la religión y en contra de aquellas creencias distintas de las tradiciones y las culturas locales. El resultado de esta campaña ha producido, no obstante, unos resultados bien distintos a los esperados, a juzgar por los más de 12 millones de católicos que se estima existen hoy en China, cuando los fieles de esta creencia no superaban los 3 ó 4 millones a mediados del pasado siglo XX. Y lo mismo se podría decir a propósito de las 30.000 mezquitas y más de 40.000 imames y akhunds1 que encontramos hoy en cualquier rincón de China.

Son varias las respuestas posibles que surgen cuando nos preguntamos por los motivos de este crecimiento exponencial de la religiosidad china. Una de ellas la podríamos encontrar en el respeto de las religiones occidentales por determinados aspectos de la cultura local, como la veneración de los antepasados característica de la religión originaria de China, que permite compaginar la exaltación del cristianismo con las tradiciones milenarias del país. El renacimiento de la religiosidad entre los mayores podría ser otra de las posibles explicaciones al incremento de los fieles que se ha producido en las últimas décadas. A decir del obispo católico Aloysius Jin Luxian, antiguo prisionero de cárceles y campos de trabajo, el incremento de la represión ha sido el causante de la reacción religiosa de muchas personas de edad avanzada (Minter, 2008), aunque distintas encuestas sobre el aumento de la religiosidad muestran un elevado número de fieles entre los más jóvenes. Para éstos, sin embargo, el motivo principal de su acercamiento a la Religión parece que habría que buscarlo en el materialismo exacerbado que han traído consigo las reformas económicas de Deng Xiaoping. La vertiginosa transición desde un modelo marxista hasta otro próximo a la economía de mercado occidental ha ocasionado un gran desconcierto en buena parte de la población china, que habría tratado de llenar este vacío espiritual con la expansión de la religiosidad.

En las próximas páginas se tratará de responder a estos y otros interrogantes acerca del origen del impulso religioso chino de los últimos años, un incremento que se ha visto favorecido por la mayor permisividad, al menos teórica, del gobierno de la República Popular hacia las prácticas religiosas. Una mejor gobernabilidad del país, la mejora de la imagen externa en tiempos de apertura, el temor ante las dimensiones que están adquiriendo algunos cultos o la construcción de una civilización espiritual que atenúe los efectos de la revolución materialista quizás se encuentre en el origen de la tolerancia religiosa del gobierno, por lo que indagar éstas razones se antoja también imprescindible para conocer la dimensión exacta que el fenómeno religioso puede alcanzar en China.

En la parte final del artículo, se aborda la cara oculta de las políticas reformistas introducidas por Deng Xiaoping a partir de 1978. Junto a la pretendida permisividad religiosa, el decreto de la libertad de creencias y las estipulaciones de la Constitución china favorables a respetar y proteger dicha independencia y a la separación de los poderes políticos y religiosos, encontramos una realidad bien distinta: restricción de credos, persistencia de una elevada clandestinidad de los fieles, hostilidad y represión, conforman aun el día a día de muchos creyentes chinos. A la conocida problemática de los monjes tibetanos se ha unido la persecución de los practicantes de la disciplina espiritual Falun Gong, al tiempo que continúa el acoso a los musulmanes de Xinjiang, foco de atención desde los violentos incidentes del 7 de Julio de 2009, cuyo balance de víctimas está todavía por determinar.

Crédito foto [huffingtonpost.com]

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