Sinología: El conflicto del Tíbet: análisis histórico y violaciones de los derechos humanos

In by Andrea Pira

En la sinología de esta semana, Elia Susanna López, doctoranda en Teoría Política por la Universitat Autónoma de Barcelona, hace un recuento histórico de la región autónoma del Tíbet, explica la forma en que el budismo ha funcionado como un marco para la vida diaria, la religión y la política en dicha zona occidental de China, y analiza el conflicto y las violaciones de derechos humanos que se han llevado a cabo en la región desde hace varias décadas. 1. Introducción

1.1. El Tíbet como pueblo. El legado budista lamaísta

En medio de una planicie y de las montañas más altas del mundo, tomando el sánscrito de unos vecinos, la religión autóctona y la foránea, y envueltos de nieve y aislados, en el Tíbet se ha construido a lo largo de los siglos una cultura, una sociedad y una filosofía únicas que desde siempre han inspirado fascinación y respeto. Esta cultura, más allá de la independencia de un pueblo, hoy está en peligro.

El budismo tiene un papel central en la cultura tibetana, y define desde los valores morales el significado y el valor de la existencia. Lo hace a través de tres conceptos centrales: el karma, el renacimiento, y la iluminación. La filosofía budista ha sido un marco tanto para la vida diaria del pueblo tibetano, como para la vida religiosa y política. Ha tenido un peso específico en el Tíbet político, y ha sido la razón de ser del estado tibetano. Esta religión define su sistema político como ‘religión y política unificadas’ y los tibetanos se consideran a ellos mismos agentes de su propio proyecto de civilización budista. De hecho, esta filosofía, que ha sido la base de la construcción del estado, y las dinastías chinas, de la única minoría étnica con una civilización avanzada de la que quisieron aprender, a lo largo de su historia, ha sido de los tibetanos. Una religión tan sofisticada ha sido el orgullo de los tibetanos históricamente y en la actualidad. Xiang Kai-shek afirmaba en 1946 sobre el Tíbet que “Hay grandes naciones en esta tierra que han alcanzado niveles de riqueza sin precedentes, pero solo hay una nación dedicada al bienestar de la humanidad en el mundo, y esta es la tierra de religión que es el Tíbet que concentra un sistema temporal y espiritual en un solo país”.

Pero también se ha leído desde otras perspectivas y se considera que una de las características del budismo lamaísta que permitirá entender la historia del Tíbet es que se trata de una religión que tiene como una de sus premisas considerar que no todos los hombres se encuentran en el mismo estadio, que no todos se encuentran igual de cercanos a Dios, unos están más cerca de la iluminación que otros. Así, la estratificación religiosa budista establece jerarquías escalonadas, el Dalai Lama la superior (considerado un bodhisattva, que repetidamente vuelve a la tierra para ayudar a la humanidad) y el Panchen Lama la segunda reencarnación más importante, que se ven proyectadas en el sistema político a lo largo de toda la historia, y también en el texto que ahora presentamos. Para entender la historia del Tíbet es necesario entender el papel del budismo lamaísta en toda la formación de este pueblo. El Dalai es el líder, tanto en el ámbito político como en el religioso, y es escogido por reencarnación y no por herencia. Para los chinos, estas divisiones entre hombres siempre han sido utilizadas como una manera de afirmar que la estratificación y diferencias sociales eran la base de la estructura social del Tíbet histórico.

Hasta mediados del siglo XX, el pueblo y la cultura tibetanos giraban en torno a esta estructura social estratificada. El hecho de que un 99% de la población tibetana practique el budismo y que una tercera parte hubiesen sido históricamente monjes o monjas ha sido un factor determinante para hacer del Tíbet un país que gira históricamente en torno a su creencia, como una forma de vida. Todos los aspectos de la vida, desde la educación, la administración, la posesión de tierras y la producción, se encontraban bajo la influencia de lamas y monasterios. Este aspecto es importante porque cuando a lo largo del texto hablemos de las escuelas gobernantes será necesario entender que estas estaban relacionadas con diferentes dinastías nobles laicas, y por tanto, las relaciones entre monjes y nobles en materia de poder era complementaria.

Pero en la actualidad los planteamientos para salvar la cultura tibetana se basan, desde los años setenta, en una nueva política por una solución pacífica, en la cual la máxima figura del budismo lamaísta pueda ser restaurada en un Tíbet democrático y autónomo. De todas formas, el gobierno en el exilio inicia desde 1963 un proceso de democratización de las instituciones del gobierno político del Tíbet. En 1992 ya se había escrito una constitución para un futuro Tíbet libre, en la cual se afirmaba que cuando el Tíbet fuese libre se necesitaría crear una asamblea constituyente y aquel día, el Dalai Lama, transferiría toda su autoridad política al presidente interino, y viviría como un ciudadano ordinario. Actualmente, los tibetanos en el exilio ya escogen su propio gobierno y parlamento. 

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