“Nuestro trabajo consiste en incentivar el básquet a través de campus para jóvenes enseñando valores humanos”, Nicolás Loureiro, entrenador de básquet argentino

In by Andrea Pira

Argentina, Canadá, India y ahora China. Nicolás Loureiro ha recorrido el mundo jugando y enseñando básquet. En entrevista exclusiva para China Files, nos cuenta sus impresiones del oriente y del entrenamiento para niños chinos.
Nicolás Loureiro nació en Buenos Aires y se mudó a Canadá con su familia a los 15 años. Allí hizo su primer acercamiento al mundo del deporte, específicamente el básquet, y recibió reconocimientos como mejor jugador de la liga (MVP) en dos temporadas, y títulos regionales con su equipo. Estudió Administración Deportiva y durante su primer año de estudios, su equipo logró ganar el título más alto de la liga universitaria canadiense, consagrándose campeón nacional en la temporada 2007-2008. En Montreal trabajó con muchos equipos y campus de todas las edades. También hizo giras por varias partes del mundo, incluso en varios países de Latinoamérica. Luego le llegó la oportunidad con la NBA en India, que sería su punto de partida para China. 

“El trabajo que estamos haciendo acá es similar al que se hizo en India, solamente que tenemos mejores infraestructuras y disponemos de más recursos”, dice el entrenador argentino.

¿Cuándo empezaste a entrenar con chicos?

En mi segundo año universitario, 2008, armé un pequeño emprendimiento luego de terminar el primer año de cursada. Empecé a hacer mis propios campus de básquet en Sault Ste. Marie. Durante el año estudiaba, y durante el verano regresaba a la ciudad donde estaban mis padres y hacía campamentos de verano para jóvenes. Ahí empezó mi pasión por entrenar. Los campus eran abiertos para diferentes grupos, con edades desde 6 hasta 17 años.

¿Qué diferencias notas entre los chicos occidentales y los chinos, si hay alguna?

Ahora, en China, trabajo en una comunidad de clase media alta. Los chicos no están acostumbrados a esforzarse y sacrificarse para lograr objetivos. No tienen mucha disciplina fuera del deporte, lo cual me ha incentivado a buscar nuevos métodos y ser creativo a la hora de trabajar para poder cambiar estos malos hábitos. Creo que en China le dan mucha importancia a la parte académica, y no tanto a la parte física y social. Durante mi experiencia en Argentina y Canadá, las habilidades motoras y coordinativas son desarrolladas jugando durante clases de educación física y en los recreos, desde una edad temprana. Siento que acá se saltea esta etapa o no se le dedica el tiempo necesario. Se nota mucho eso a la hora de trabajar con los chicos. De repente, tenemos que enseñar cosas que estando en otro país no tendríamos que estar enseñando. Otro problema que veo en la sociedad china es que los chicos están todo el tiempo con el iPad o el teléfono, y como resultado de esto, les cuesta mucho expresarse y relacionarse verbalmente entre ellos. Suelen seguir lo que dice el libro, y les cuesta encontrar creatividad a la hora de resolver problemas, lo cual deja poco lugar para la improvisación. Dadas todas estas limitaciones en el aprendizaje de un niño chino, siento que mi trabajo no ha sido fácil, pero que luego de 5 meses he podido encontrarle la vuelta, creando una manera de trabajar eficiente, adaptándome a las necesidades de los niños de aquí.

¿Qué latinos conoces acá?

Cuando llegué formaba parte de un grupo de WhatsApp, “argentinos en China”. De ahí salió una invitación al cumpleaños de uno de los del grupo, en el restaurant Xalapa, donde conocí a diferentes latinos, entre ellos el dueño del restaurant, Esteban, quien también ahora es presidente de la Asociación de Argentinos en china. Esteban me presentó a algunos amigos, y así con el tiempo fui conociendo a más gente. En el restaurant Xalapa me hicieron sentir como en casa… ¡fue una gran ayuda para mi adaptación en China! También tuve la suerte de conocer a Esteban Batista, que es un uruguayo jugando al básquet profesionalmente en Beijing, con el cual de vez en cuando nos juntamos a comer y a charlar un rato.

¿Qué conocías sobre China antes de venir? ¿Cambió tu imagen al respecto estando aquí?

La verdad no le había prestado atención a Asia, hasta que me salió el trabajo en India. Ahí empecé a conocer a los asiáticos y su cultura. Luego de terminar mi contrato en India, volviendo hacia Canadá, hice escala en China y me surgieron inquietudes por la gente de China. En el aeropuerto chino no logré comunicarme con la gente cuando buscaba WIFI ya que nadie hablaba inglés, solo sabían mandarín, y tampoco entendía lo que decían en una cola que había solamente chinos. Observaba que su manera de ser era muy diferente a la nuestra, veía que se atropellaban por llegar primeros a todos lados. A todo esto me surgió una inquietud de querer aprender sobre su cultura y sus antepasados. Es por eso que me pareció un desafío muy interesante buscar la oportunidad de conseguir trabajo en China, tener que adaptarme a una cultura tan diferente, y conocer más sobre ellos para entender mejor sus actitudes y forma de ser.

 
Fotos: Cortesía de Nicolás Loureiro


¿Hoy cómo te manejas con la barrera idiomática?

Cuando me muevo en el subte no tengo problemas. En taxi, me aprendí las paradas de subte como referencia. En el trabajo tengo un traductor y asistentes chinos. Con los jugadores y entrenadores chinos me comunico con mi traductor, con la excepción de algunos que hablan inglés. Mi principal forma de expresarme durante los entrenamientos es a través de muchas demostraciones y gestos. Cuando trabajé en Brasil durante el torneo nacional Sub-17, tampoco hablaba portugués. En Canadá fui asistente de la selección nacional de sordos, y tampoco sabía el lenguaje de señas. Hace poco trabajé un campus en Italia de Danillo Gallinari, sin saber el italiano fluido. Pienso que todas las experiencias que tuve trabajando antes de China, en idiomas que no necesariamente sabía, me prepararon para poder rebuscármelas y expresarme con demostraciones y gestos, aunque no sepa el idioma a la perfección.

¿Cómo sentís la actitud de los chinos con los extranjeros?

He encontrado los dos extremos. Siento que algunos son amables y otros rechazan a la gente extranjera. Cuando he necesitado ayuda en la calle para buscar alguna dirección en chino, siempre que he pedido ayuda la he recibido de una manera muy amable. Por otro lado, siento que algunos se cierran a su cultura y no están abiertos a la gente de afuera, como cuando los taxistas no paran cuando ven alguna cara extranjera, por el solo hecho de que no quieren hablar en inglés. Más allá de eso, creo que por lo general son gente buena y están dispuesto a ayudar al que viene de afuera.

¿Tenés amigos chinos?

Tengo colegas chinos. De vez en cuando me junto con ellos, pero mi mayor contacto es con mi círculo de amigos latinos, y mi colega de República Dominicana. No me disgusta la comida china, pero tiene mucho aceite, así que tampoco coincido para comer. Trato de cocinarme comidas saludables en mi departamento cuando el tiempo lo permite.

¿Te quedarías en China más tiempo, si te lo ofrecieran?

Por el momento, estoy persiguiendo un objetivo y sueño profesional, que es trabajar para un equipo NBA. El ir a India, y venir a China, son pasos que estoy tomando para abrir mi cabeza, vivir diferentes experiencias, y prepararme para lo que sigue. Todo dependerá de cómo se den las cosas. No me disgusta China. Dentro de todo estoy cómodo, aun conociendo la cultura de la gente local. Es posible que en marzo me trasladen a Shanghái, lo cual sería un nuevo desafío interesante profesional y personalmente. Me gusta relacionarme con otros extranjeros en China, y conocer sus historias. China es una potencia mundial y la gran mayoría de extranjeros que están aquí vienen a hacer carrera. Siento que todos tienen un mismo objetivo de trabajar y progresar cada uno en su rumbo, y relacionarme con ese tipo de gente me da gusto. Estas relaciones me permiten conocer no solo la cultura China, sino que también gente y culturas de muchas otras partes del mundo. Aquí tengo acceso a mi cultura también, no me siento lejos de ella. Al principio me costó, pero la gente de la Asociación de Argentinos en China me ayudó a instalarme.

[Crédito foto: Cortesía de Nicolás Loureiro] 

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