Día Mundial contra el SIDA: Las mujeres del Aizhixing

Ellas no son enfermeras ni doctores. Ellas no reciben un salario ni felicitaciones. Las líderes de la pequeña oficina de la ONG Aizhixing, una de las organizaciones más activas en la sensibilización frente al VIH/SIDA, son un puñado de amas de casa que donan su tiempo y energía a educar a los habitantes de sus barrios frente a este problema.

Con motivo del día mundial contra el SIDA, este grupo organizó una pequeña campaña de distribución de preservativos y libros informativos, en el distrito de Haidian, al noroccidente de Beijing. Pequeña, pues prefieren mantener todo bajo los parámetros armoniosos de la sociedad china y no quieren molestar a las autoridades locales.

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Se armaron de un cartel que dice: "opóngase a todas las violencias contra las mujeres". De un extremo al otro, lo exhibieron e invitaron a los transeúntes -hombres y mujeres- a firmarlo, no sin antes entregarles un paquete con un moño rojo: un libro informativo, algunos preservativos y una lista de teléfonos útiles.

Escogieron una zona definida: un mercado de frutas y verduras. No les importó si algunos las miraron mal o si se burlaron de ellas al verlas repartiendo preservativos. Ellas no dejaban a ninguno decir que no, pues como afirma una de ellas, "el SIDA es un tema que concierne a todo el mundo".

Una mujer de edad, que no quiso revelar su nombre, se rió a carcajadas cuando descubrió de que se trataba el material que acababa de recibir: "es acerca de la enfermedad feliz". Cuando una del grupo le preguntó si sabía que era y el porqué la llamaba así respondió: "pues porque uno está feliz cuando la atrapa!" Y añadió: "soy ya muy vieja, nadie se interesa en mi y no tengo necesidad de estar atenta a esto".

"Aunque muchas personas han oído hablar de la enfermedad, ellos no comprenden que esto los implica directamente", explica Wu, responsable de la ONG para esta zona. Una mujer me dijo: nadie en mi familia tiene SIDA, entonces no tendré ninguna posibilidad de contagiarme". Recuerda que le costó mucho trabajo explicarle todas las formas diferentes de transmisión.

"Otro problema es que las personas no confían en los centros de análisis, explica Wu. La actitud del personal médico y de atención es a veces desagradable y logra incomodar a quienes deciden ir. Sin embargo, cada distrito de la capital tiene su propio centro de prueba.

En este barrio se encuentran también varias "peluqueras", que en China son conocidas porque se les puede pagar extra. Siendo un país donde la prostitución es ilegal, los salones de belleza son la fachada perfecta de estas mujeres. El grupo se siente orgulloso de los resultados con este grupo: "incluso las prostitutas de la zona conocen los riesgos del SIDA y poco importa cuanto quiera pagar el cliente. Ellas saben que se deben proteger" explica una voluntaria.

Wu busca que la ONG sea patrocinada por una sociedad china de preservativos femeninos: "les explicamos a las prostitutas que los clientes no tienen porque saber. Es suficiente instalarlo y ya estarán protegidos".

Incluso si ellas admiten que su misión les quita mucho tiempo, ellas reconocen la importancia y el valor de su trabajo: "nosotros estamos obligadas a volver muchas veces y explicar dos veces las cosas. No hay otra opción cuando se quiere crear conciencia".