La gente va a Wangfujing de compras, a mirar la calle de las meriendas chinas –que incluyen los pinchos de caballitos de mar, estrellas, alacranes y grillos- y a pasear los centros comerciales que se encuentran en la zona. Hoy, muchas de las personas salieron como siempre, a recorrer esta tradicional calle que hace tres décadas era la única donde se podían alojar extranjeros en Beijing y donde se encontraban almacenes con escasos productos importados. Sin embargo, al entrar a la calle peatonal lo primero que se encontraron si ingresaron por el lado norte, fue decenas de carros de policía estacionados alrededor. Luego, varios grupos de policías en cada esquina, mirando con ojos inquisidores a todo aquel que entrara en la calle con una cámara en mano. Hoy se suponía que sería la segunda jornada de la revolución jazmín china.
Son las 13:30 y cada cinco metros dos policías miran a los transeúntes. Los chinos parecen no saber por qué. Los extranjeros si. Parece como si aquellos extranjeros presentes en Wangfujing están a la espera de algo. Algo que al final nunca va a pasar. El número de policías aumenta radicalmente a pocos metros de McDonalds, el punto de encuentro. Esta vez, a diferencia del domingo anterior, la zona se encuentra reducida a la mitad por unas obras públicas [desde los últimos pisos de la librería de Wangfujing, se confirma que están renovando unas baldosas]. McDonalds se encuentra lleno, pero nadie consume. De hecho desde las ventanas se ven varios policías vestidos de civil [reconocidos por el audífono con micrófono] que vigilan la entrada y desvían a la gente a la puerta lateral. [El cartel dice que la puerta está dañada: una coincidencia más a la lista].
En la librería se ven varias personas asomadas en las ventanas. La mayoría de ellos chinos que buscan saber qué está pasando. Otros se asoman desde los pisos superiores, pero la curiosidad dura pocos segundos antes de que un vendedor de la librería se acerque a preguntar qué está buscando. Desde arriba uno de ellos cuenta haber visto a dos extranjeros enfrentándose con la policía por tomar abiertamente fotos. Ya a las 14h, hora oficial de la marcha, la policía prohibió cruzar justo en frente de McDonalds, y está desviando a los transeúntes a las calles alternas. Cualquiera que lo intente se enfrenta a un hombre vestido de civil [con audífono y micrófono] que dice a los chinos: “no se puede pasar” y a los extranjeros “no no no”.
14:15, un carro con agua sale por la calle a sus labores de limpieza. Normalmente este trabajo se realiza en las horas de la mañana, solo que esta vez [quizá otra coincidencia] decidió hacerlo ya. Aquellos que se encuentran en la calle, estáticos y algunos aturdidos del acordonamiento, se ven forzados a saltar al andén y caminar por los bordes de la calle, rápidamente para salir de Wangfujing. Mecanismo [que también se usó en Shanghai] rápido de evacuar a las personas: temos al agua en pleno invierno pekinés.
La protesta jazmín no ocurrió. Esta vez no se puede echar enteramente la culpa a la falta de información de la gente. La manifestación simplemente no existió porque la policía no permitió a la gente estar en la zona. El número de personas que realmente salieron a protestar se difumina con el número exagerado de policías. Si alguien no supo que hoy había una protesta, hoy se enteró no porque lo leyó en Internet, ni porque los medios lo hayan reportado. La policía se encargó de difundir la noticia de que unos “subversivos de la armonía” se quieren reunir.
Varios periodistas denunciaron haber sido arrestados, cámaras confiscadas, tarjetas retenidas e incluso, alguno denunció haber sido golpeado. En Shanghai la jornada fue también reprimida e incluso se confirma que varios periodistas recibieron una notificación de que se les prohibía reportar desde la zona de los hechos. La censura china se encuentra en unos de sus momentos más represivos: CNN y BBC bloqueados, linkedin censurada y los VPN tambaleando. Con tanta censura, quedamos a la espera de medir la trascendencia de esta invitación [hecha por chinos residentes en el exterior a través de la página estadounidense boxun] y el despliegue mediático que la misma policía china se ha encargado de darle.