Zhang Junfeng, activista por el agua con características chinas

Zhang Junfeng es una persona comprometida con todo su cuerpo al ahorro del agua. Dice que usa pocos jabones y detergentes, consume poca luz, no come carne, no maneja y su comportamiento gira en torno al ahorrar agua, así esto implique bañarse solo una vez al mes. 

Más que los detalles de higiene o las soluciones recursivas que propone -usar derivados de gleditsia como Shampoo- su compromiso es real y activo. Como ingeniero, intentó usar medidas económicas para aliviar los problemas de pobreza en China. Embarcado en el boom económico chino logró ayudar a muchas personas, pero después de 10 años de trabajar en esto, descubrió que el desarrollo económico involucraba un uso excesivo de recursos. En 1998 decidió cambiar su camino y se registró como estudiante de ecología en la Universidad de Agricultura. Allí descubrió el grande problema de agua en Beijing: de las 627 reservas de agua que tiene la capital, 1/3 están secas, 1/3 están bajas y 1/3 son turísticas. "Nuestro principal problema es que no tenemos agua potable ni para la agricultura. La única posible solución sería mover la capital a Chengdu (sur de China), pero como esto no va a pasar, tenemos que cambiar nuestro comportamiento". Desde ese entonces, enfocó sus investigaciones en las reservas acuíferas de Beijing, Hebei y Shanxi; visitó, recolectó y analizó muestras de agua de casi 400 reservas. 

En esas andanzas conoció a Feng Yongfeng, quien se convertiría en su acompañante de caminatas y futuro socio. "Feng me sugirió defender de forma pública nuestros recursos de agua. Y que además deberíamos invitar a más personas a nuestras recorridos. Así, decidimos fundar la Universidad de la Naturaleza y creamos su primera clase: "el maravilloso camino del agua (乐水行)". 





Su compromiso inicial fue llevar a la gente a experimentar la naturaleza y enfrentarse directamente a sus problemas. "No queremos que la gente se guíe por la información imprecisa que ofrecen los medios de comunicación. Preferimos que ellos mismos sientan y juzguen por sí mismos". Desde su inicio en 2007, Zhang reservó sus sábados para las caminatas del "maravilloso camino del agua" y decidieron mantener el grupo en no más de 20 personas. Tres años después, su proyecto ha sido implantado en 16 ciudades de China y en ciudades grandes como Beijing, semanalmente tienen dos grupos: "Un cuarto de las personas en cada grupo son nuevas. En total, creo que hemos caminado con unas 10,000 personas". Con el paso del tiempo, sus caminatas se convirtieron también en informes, encuestas de calidad y otros nuevos proyectos, todos relacionados con el agua y en los que se vincularon otras ONG ambientalistas como Friends of Nature (la ONG pro ambiente más antigua de China), el Beijing Global Village, la Cruz Verde de Xiamen, Los Amigos verdes de Nanjing y de Tianjin, entre muchas otras. 

Estas uniones han dado como resultado investigaciones sociales sobre zonas rurales y de bajos recursos, que eventualmente han sido difundidos al público y enviados a representantes del gobierno. Sin embargo, nunca se han convertido en una fuente de cambio. "La única cosa que pueden hacer las ONG en China es propaganda y sensibilizar a las personas. La estructura social china es muy complicada, el público no tiene derecho a decidir u opinar ante el gobierno sobre cómo solucionar un problema". 

Zhang es crítico con varios de los megaproyectos chinos para solucionar los problemas de recursos, como la creación de lluvias, pues "bombardear las nubes altera la lluvia natural, la vuelve química, y rompe la ley de la naturaleza" o los sistemas de irrigación, que pretenden trasvasar aguas de un río a otro, "que al final traerán problemas a la fuente original de agua". Él sabe que las protestas pueden llegar a tener el efecto contrario y por lo tanto, se comporta como un activista con características chinas.

Así ha logrado funcionar con su ONG dentro del sistema chino, ha atraído a tantas personas e incluso, ha hecho que funcionarios del gobierno lo acompañen en algunas de sus caminatas. Toda la aplicación del pensamiento chino ha hecho que, según él, las personas comunes entiendan más fácil los problemas ambientales y decidan cambiar su conducta. "A los chinos no nos gusta que nos digan qué hacer. Pero si nos damos cuenta, por nosotros mismos, que una actitud es positiva, entonces la hacemos". 

Por eso no dan consejos, ni reparten volantes con pasos "para ahorrar agua". En las grandes ciudades chinas, muchas de ellas grises, asfaltadas y contaminadas, el contacto con la naturaleza se pierde. Zhang y la Universidad de la Naturaleza, buscan traer los bosques y el agua a la mente urbana y ofrecerles una nueva mirada al mundo que los rodea: "la observación nos permite tomar conciencia de que las transformaciones del agua, su contaminación y demás problemas encuentran su causa en nuestro tipo de comportamiento y sólo si logramos cambiar nuestra forma de comportarnos podremos cambiar los problemas medioambientales que nos rodean". 














 








Fotos: Archivo de la Universidad de la Naturaleza.